Amor se erguía delante de ella. Con su postura despreocupada que contrastaba con su semblante serio, la miraba a los ojos sin darles escapatoria, aunque estos mirasen en todas direcciones con tal de liberarse del mágico aura que emanaba su mirada.
Ella, incómoda, giró la cara y mirando al horizonte masculló: "No me mires así, por favor".
Entonces Amor con sus largos dedos cogió suavemente su barbilla y la obligó a mirarle, fijamente, a los ojos. Ella quedó embrujada al instante y con una sola palabra de Amor abandonó toda posibilidad de escapar. "Salta" le susurró Amor al oído, rozándola con sus labios y ella sin dudarlo, saltó
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