domingo, 25 de marzo de 2012
Escritura
Una virtud y un vicio. Es la capacidad de fotografiar una realidad inexistente con palabras. Es la capacidad que algunas personas tienen de superar la barrera del folio en blanco y transmitir sus propios sentimientos haciendo que sean los tuyos por un instante. Es en definitiva la Escritura.
Para mí escribir no es más que un tipo de evasión. Cuando te enfrentas a la hoja y esgrimes el bolígrafo, liberando todo aquello que guardas en la cárcel de tu mente, estas liberando una parte de ti. Lo que queda plasmado en palabras forma parte de tu ser, aunque aun no lo sepas, cada palabra, cada símbolo y cada punto tienen su hueco en tu interior.
Por eso, he llegado a pensar que escribir una historia, una carta de amor o un mensaje de ánimo, da igual, es la actividad más egoísta que existe. Puedes creer que lo haces para demostrarle algo a alguien, por que sí no lo hicieses privarías al mundo de lo más bello que hay en ti o simplemente para sentirte mejor. La realidad, es que lo haces por ti; una carta de amor sirve para demostrarte lo enamorado que estas de alguien, aunque no sea verdad. Una historia, te permite liberar sentimientos y tensiones que escondes por miedo, vergüenza o estupidez. Por último, con un mensaje no se busca solo que ayude a la persona, sino que sirve para exponer abiertamente un interés que no se demuestra a simple vista.
Ese es el secreto mejor guardado del “imaginador” que idea sus propios cuentos para que sean leídos por esa persona en la que pensaban mientras escribían.
Y es que a veces es más sencillo enamorar al folio que a la persona a la que quieres.
viernes, 23 de marzo de 2012
La decisión mas sencilla de nuestras vidas
Fuera hacia frío, el día había amanecido gris y a media tarde comenzó a caer una leve llovizna que ensombreció las calles de la gran ciudad dandole el aspecto deprimente que se observaba desde la ventana del ático. Por una rendija se colaba el frio en el interior de la oscura habitación aunque no parecia importarle al observador que sopesaba el arma en las manos.
En la habitación, desordenada, la unica luz que sobrevivía era la emitida por los carteles luminosos de la calle. El observador se separó del ventanal y se acercó a una mesa sobre la que se podian distinguir una hoja de papel y un boligrafo. Se sentó en un comodo butacon y sin pensar comenzó a escribir aquello sobre lo que pensó durante toda la mañana.
Se quedó observando su obra unos diez minutos y finalmente alzó el arma y con un "Click" hizo retroceder el percutor. Mientras una lágrima rodaba por su mejilla, dio un último vistazo al mundo a través del cristal y metiendo el cañon en la boca, presionó el gatillo.
Con un estallido sordo, su vida se esfumó dejando como pruebas de su existecia un cuerpo ensangrentado e irreconocible y una hoja de papel cuyo contenido quedó emborronado por la salpicadura de sangre; ilegible.
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